Por Álvaro Chocano, Country Manager de Cibergestión Chile
La industria financiera vive uno de los cambios más profundos de las últimas décadas. No se trata solo de digitalizar canales o automatizar tareas aisladas: hablamos de rediseñar la forma en que fluye la información, se toman decisiones y se ejecutan los procesos. En ese contexto, el Open Banking se ha convertido en un habilitador clave para transformar la operación desde su núcleo.
El Open Banking propone algo simple en concepto, pero poderoso en la práctica: permitir que los datos financieros —con autorización del cliente— puedan integrarse de forma segura entre distintas instituciones y plataformas.
Esto rompe los silos tradicionales y abre la puerta a ecosistemas donde bancos, fintechs, aseguradoras y proveedores tecnológicos pueden colaborar en tiempo real. El resultado no es solo más innovación de producto, sino una operación mucho más eficiente y conectada.
Desde el punto de vista operativo, uno de los impactos más visibles es la reducción de fricciones. Procesos que antes dependían de documentos físicos, validaciones manuales o consultas fragmentadas ahora pueden resolverse mediante integraciones directas y flujos de datos estructurados. La verificación de ingresos, la validación de cuentas, el análisis de comportamiento financiero y la evaluación de riesgo pueden ejecutarse con mayor velocidad y menor margen de error.
También hay un cambio relevante en la calidad del control. Cuando los datos viajan por interfaces seguras y trazables, cada consulta, cada validación y cada uso de información queda registrado. Esto fortalece el cumplimiento regulatorio, facilita auditorías y mejora la gobernanza de los procesos. La operación deja de ser una “caja negra” y se convierte en un flujo observable y medible.
Otro efecto importante es la posibilidad de diseñar procesos verdaderamente end-to-end. El Open Banking permite conectar etapas que antes estaban desconectadas: originación, evaluación, formalización, desembolso y seguimiento. Al integrar datos externos de forma estructurada, los modelos operativos pueden automatizar decisiones, activar reglas de negocio y disparar validaciones sin intervención humana innecesaria. Así, los equipos dejan de dedicar tiempo a tareas repetitivas y pueden enfocarse en gestión y mejora continua.
Por supuesto, el avance de Open Banking también eleva el estándar de seguridad y arquitectura tecnológica. No basta con abrir datos: hay que hacerlo con marcos de consentimiento robustos, cifrado, monitoreo y políticas claras de uso. Las organizaciones que obtienen mayor valor son aquellas que combinan apertura con disciplina operativa, integrando ciberseguridad, gestión de identidades y control de accesos como parte natural del diseño de procesos.
En los próximos años, veremos que esta herramienta no será solo un “proyecto regulatorio” o una iniciativa de innovación, sino un componente estructural de la operación financiera. Las instituciones que lo integren a su arquitectura de procesos —no solo a sus APIs— lograrán ventajas reales en eficiencia, control y capacidad de crecimiento.
En Cibergestión impulsamos esta evolución mediante modelos operativos digitales, integraciones seguras y procesos end-to-end que convierten los datos en decisiones y las decisiones en resultados medibles. Nuestro enfoque combina tecnología, gobierno del proceso y especialización operativa para que la apertura de datos se traduzca en eficiencia real, menor riesgo y mejor experiencia para clientes y aliados del ecosistema financiero.
